Gianni Siccardi: el poeta de Ella
Creo que fue María Cristina Santiago, la autora de “Vidrieras de Ámsterdam”, o Ketty Alejandrina Lis, quien lo trajo de sopetón al final de mi lectura de poemas en el Centro Cultural de Buenos Aires y me lo presentó: “Este es el poeta Gianni Siccardi”, y como si llamarse Gianni Siccardi fuera llamarse Juan Pérez le tendí la mano y ensayé unas pocas palabras de agradecimiento por su presencia. Ahí mismo me regaló dos libros suyos: “Ella” y “Fragmentos”. Eso fue más o menos en mayo de 1997.
por Alfonso Quiñones
Revista aHora
Lo bueno vino después, que es en este caso al día siguiente. Con el regodeo del placer que significa descubrir un poeta que te marca. Y rendir pleitesía a ese talento y citarlo y releerlo y prestar sus libros porque del lado acá no lo conocen.
Delgado, sobre lo bajo, cabello blanquecino que cae desde el final de la calva hasta los hombros, con cara de buena persona y candado cerrado y canoso bajo la boca, Gianni Siccardi (1933) se sabe un arquero que no dispara a la diana, sino al infinito. Por la caja de su cuerpo, en otra vida tuvo que haber sido carpintero. Y por sus ojos, escribano de un rey. Por su verso, será en el futuro hacedor de eternidades.
En esta vida lo veo diciéndole adiós a sus flechas desde un balcón níveo en alguna casa de dos plantas, no sé si en Avellaneda o mejor en Banfield, ese otro barrio de la periferia al cual se va en trenes que salen desde Plaza Constitución. Sabe el poeta que es un tonto para muchos, que deberá parecer un clown, que otros lo aborrecerán por pasarse la santa vida indagando lo que los otros creen saber, pero que él duda con evidente firmeza. Él sigue su camino “oyendo sin escuchar, viendo sin mirar”, convencido que lo que otros ven no es lo que realmente existe.
Para que entre la poesía cierro las puertas de mi casa
Gianni Siccardi ha fundado al menos cuatro revistas de poesía: “Juego rabioso”, en 1961; “Baires”, en 1963; “Sunda”, en 1967, y “Poemas” (1987-1988) y ha dedicado mucho de su tiempo a enseñar la poesía actual argentina. Ha sido el compilador, traductor y prologuista de las antologías de Eugenio Montale (publicada en 1987) y Salvatore Quasimodo (1988), preparadas para el Centro Editor de América Latina. Igualmente ha traducido textos de Petrarca, Desnos y Esenin, este último casi seguro del inglés o del italiano.
Su obra poética, si bien no es muy extensa, aparece en los libros “Poesía junta” (1960), “Cinco poetas” (1961), “Travesía” (1967), “Ella” (1989) y “Fragmentos” (1995), hasta la fecha en que nos conocimos.
De hablar pausado, más bien tímido, no cree que sea un poeta importante. Y quizás para algunos no lo sea. Pero al menos yo me declaro un ferviente admirador de su manera de encabalgar los versos, de lo sorpresivo de sus adjetivaciones, de su transparencia para definir cosas, de la liviandad con que el poeta se siente flotando en la vastedad del universo.
Ella es hermosa todo el tiempo
su cabeza es hermosa en las cuatro estaciones
amo la ciudad donde duerme
la ciudad que despierta en su sueño.
“Ella” es un poemario intenso y lleno de pasión, pero sin perder las riendas. Es una novela de amor con una historia bien argumentada y dos personajes que transcurren a través de Ella: pues son Ella y el que canta. “Ella” es un libro rabiosamente triste y fecundamente feliz, donde se habla de alegría, de tiempo de estar juntos, de entrega total y de rompimiento, separación, en fin de la muerte.
No encuentro en “Ella” huella de tango; el poeta ha sabido ir mucho más allá. Nada de histeria tanguera; todo aquí es profundidad.
Lámpara
piedra
llama
ella existe
ella vive
ella es.
Sorprende el poder de síntesis y sugerencia que logra Siccardi en su discurso poético. Cómo sabe controlar los impulsos por desbocarse, a la vez que la brevedad del verso en cuanto a metro le imprime un ritmo de urgencia, casi de haikús.
Rama en el aire
agua
pregunta sin respuesta.
o cuando declara:
Ella está en mí
yo estoy en ella
y una red secreta nos rodea.
Este poder de asistir a la palabra de su sentido de la humildad lo mantiene en “Fragmentos”. El poeta que se pierde en la multitud que significa Ella se sabe a salvo justamente en esa situación. Pérdida que no es pérdida.
No recuerdo la hora
no conozco mi nombre
pero ella hace
que me parezca a mí mismo.
Sabe el poeta que poesía es también definir y en eso logra cotas relevantes:
El destino es un animal ciego
que danza antes de morir.
O como en otro poema demuestra que:
La luz de un fósforo
puede ocultar la noche
pero toda la noche no puede ocultar
la luz de un inocente fósforo.
Yo no digo que sea el mejor poeta del mundo, pero su poesía me llegó como un aluvión y creo en ella porque está hecha por un hombre sencillo, austero, tímido y sincero, un hombre que debió ser carpintero en otra vida o fabricante de globos o chasqui. Pero que en ésta trata de decirnos cosas que a veces no alcanzamos a desentrañar o a verlas con ese modo de mirar la vida que deberán tener los sabios del futuro. Si es que en el futuro hay sabios. Si es que existe futuro.
Revista a[hora] / 30 de Junio de 2003